Despertarse en el desierto de Jaisalmer – 22 OCT 2016

Los días anteriores nos hemos despertado todos los dias con despertador. Hoy no ha hecho falta. Con la mínima luz del alba, los tres hemos empezado a incorporarnos para poder disfrutar del amanecer en el desierto. Son las 6:30.

Hemos salido cada uno de su saco sábana, nos hemos quitado la manta de encima (suerte de la manta porque a las 3 de la mañana en el desierto refresca), nos hemos calzado y hemos ido corriendo hacia las dunas del este. Llegamos con el corazón en la boca pero justo a tiempo de poder ver cómo asoma el Sol en el horizonte. Nos hemos quedado unos segundos admirando la imagen que teníamos delante y seguido hemos caído en la cuenta de que está estampa tenía que fotografiarse.

Hemos aprovechado para hacerle unas fotos a los perricos que teníamos al lado. En concreto a una hembra que al despertarnos estaba enroscada al lado de la cama de Puchi (él se pensaba que algún guía se había puesto a dormir a su lado por los ronquidos). Desde que nos hemos levantado se ha venido con nosotros a todas partes.

Una vez terminada nuestra sesión de fotos, volvemos al campamento base. Nos sentamos en nuestras camas y aparece Tiger, el guía de unos 16 años, con tres chais para tomar recién hechos. Así empezamos a entrar en calor y a despertarnos un poco. Al rato, aparece con una sandía partida por la mitad para los tres y, nada más acabarla, nos trae unos platos con galletas y platanos. Y por si esto no fuera poco, aparece una vez más con un Porriage muy dulce. Este plato consiste en cereales hervidos con miel. Buenísimo!

Acabamos nuestro súper desayuno y con las barrigas llenas, empezamos a recoger los pocos trastos que tenemos mientras los guías recogen los cacharros de cocina y las mantas. Esperando que terminen para partir, Manu empieza a notar la llamada de la naturaleza. Y, como vamos bien preparados, coge unas toallitas húmedas y desaparece tras una duna. Lo que pasa en el desierto se queda en el desierto 😉

Vamos a buscar a nuestros camellos para empezar la marcha. Los guías cargan las poca bolsas que llevamos, incluyendo la basura, tema importante para mantener el entorno tal y como lo hemos encontrado (en la India la basura es una cosa que se puede tirar en cuquier lugar y no suelen recoger). Nos subimos cada uno a su camello y nos ponemos en camino.

Después de 1 hora de ir en camello, llegamos al destino. Nos bajamos y nos damos cuenta que las piernas y el culo son de otro. Estamos rotos del traqueteo y de aguantarnos en el camello, no es un paseo placentero. Pero bueno, lo hemos disfrutado y como dicen, sarna con gusto no pica.
Como es costumbre le damos a los guías una propina, eran cuatro así que le dimos 400 rupias. En cuanto nos giramos empiezan a repartírsela y, por lo que pudimos ver, según la experiencia o la edad, se quedaban más o menos cantidad. Así que los más pequeños vieron menos propina.

Igualmente un guía, Lucky, un chico muy moreno de unos 25 años, nos explicó mientras volvíamos que todos ellos tenían un salario fijo. Cobraban aunque no hubiese invitados, como él decía, por cuidar a los camellos. Y en caso de que tuvieran invitados con las propinas se sacaban un extra (ya iba introduciendo el tema de la propina). Así que todos contentos.

El siguiente paso es subirnos al Jeep y recorrer los 50km que nos separan del desierto a la ciudad de Jaisalmer. Durante el trayecto, el guía “jefe” que también venía con nosotros, hace parar al conductor para recoger a un hombre sentado en la carretera a la sombra de un pequeño arbusto. A las 10:15 el sol calienta como a mediodía en España en pleno mes de Julio.

A las 11 en punto llegamos a la calle del hotel. Nos despedimos del guía y del conductor y le damos la propina a este último. Entramos al hotel, caminando como zoombies por el sueño y el dolor de piernas del camello. Se agradece estar en un sitio cobijado bajo la sombra. Aunque ya no tenemos habitación, el hotel dispone de una con múltiples camas

y dos cuartos de baño para la gente que llega de safari. Así que manos a la obra, cogemos las mochilas grandes y nos vamos duchando y acicalando un poco. Dios! Se está genial tras quitarsea arena y ponerse rompa limpia!

Por hoy ya no tenemos nada más que hacer que esperar la hora de partida hacia Udaipur. Esta vez utilizaremos un transporte nuevo, el bus cama, a ver qué tal! Tenemos que estar a las 17 ya que sale a las 18h por lo que nos subimos al restaurante a hacer tiempo. Y de paso comer algo, que no sabemos si en el bus comeremos algo o harán pardas. Le hemos pedido a uno de los jefes que si puede llamar por nosotros a la empresa del autocar para confirmar el punto de salida, ya que el “mánager” con el que gestionamos todo al principio ha pasado de nuestra cara una vez le pagamos. En Booking quedará constancia de ello.

Nos subimos a la terraza y para empezar nos pedimos unas bebidas y así refrescarnos mientras escribimos los posts del blog pendientes. Sobre la 13 pedimos la comida, esta vez todos pedimos noodles pero de diferente manera. Nos quedamos de sobremesa tranquilamente hasta las 15, cuando decidimos bajar e ir al wc y empezar a preparar las cosas.

Nuestra idea original era salir a las 16:30 hacia el sitio de recogida del bus, así encontrarlo con calma y asegurarnos que no lo perdemos. En el momento de salir, uno de los jefes del hotel nos dice que aún es muy pronto, que llegamos en 5 min y que uno de sus chicos nos acompañará. Así que nada, volvemos a sentarnos pero esta vez en el sofá de recepción. Mencionar que estaban haciendo algo de obras con soldadura en la terraza y, al tener las escaleras abiertas, todas las chispas nos caían al lado, con riesgo de quemarnos ybprender fuego a algo. No eran chispas pequeñas lo que caía. Como veis, prevención de riesgos laborales ante todo…

Pues a las 17h nos ponemos en marcha siguiendo a un hombre que ha venido a buscarnos. Nos subimos a su todoterreno y en 5 minutos nos plantamos en un descampado plagado de autocares. Le damos su propina y vamos a hablar con el chófer del autocar. Somos los primeros en llegar, nos podemos asegurar coger las camas que teníamos reservadas.

Antes de todo queremos dejar en la parte de carga del autocar nuestras maletas. Cada vez pesan más. Y aquí nos encontramos con una situación común en la India, que es que te piden más dinero por cualquier cosa. En este caso nos pedía 30 rupias por cada maleta que quisiéramos meter en la zona de carga, en caso contrario irían en nuestras camas. Después de “discutir” sobre el tema y de enseñarle el ticket con todo incluido, cedemos por tal de no quedarnos en tierra y ahorrarnos dolores de cabeza. Subimos al autocar, que eso parecía el mismo infierno del calor que hacía, y ponemos nuestras mochilas en las camas. En esta ocasión Manu duerme en una individual muy claustrofóbica y Puchi y Dani en una doble algo más holgada, pero no mucho.

Como no se podía aguantar nos bajamos a la calle y así, de paso, controlar las maletas cada vez que habrían el portón. Fueron llegando más turistas, y pudimos ver una y otra vez como se repetía la situación de indignación por tener que pagar por cada maleta. Al final todos pasamos por el aro.

Mientras esperamos la hora de partida, compramos unas galletas y agua por si nos entra hambre. En principio no llegaremos al destino hasta las 5 de la mañana. La gente empieza a subir al autocar, turistas y locales, y Dani sube para guardar nuestras camas. A los 5 minutos baja para avisar a Puchi y a Manu que suban ya que ha visto que un grupo de 4 turistas y otro de 2 están teniendo problemas con las camas. El problema fue que viajeros locales se habían colocado por que si en las camas que habían pagado los turistas. Ya habíamos leído y sido avisados que las camas inferiores tanto de bus y tren son comunes. Es decir, que lo mismo te despiertas con alguien sentando o tumbado contigo. Y si a esto le sumas, que ellos llegan y se sientan donde quieren, pues la tienes liada.

Aquí Deepac, el chico con el que organizamos todos los traslados hasta Udaipur, se lo curró y nos seleccionó las camas superiores.
Una vez los afectados resolvieron sus problemas, aceptando otras camas en diferentes sitios (porque los locales no se movían) nos pusimos en marcha.

Nosotros nos empezamos a preparar para pasar la jornada de 11 horas en esos cubículos, colocando las mochilas de mano, agua, etc., de la mejor manera posible. Y ya, por fin, no estiramos.
El primero que cayó frito en esta ocasión fue Manu, al rato Puchi y por último Dani. A las 20:30 nos despertamos con el pito de feria que lleva el autocar sumado a los gritos del conductor. Hacíamos una parada para descansar. Aquí los tres nos pusimos las bambas rápido y bajamos para ir al baño… jajajaja Con baño nos referimos a la primera calle apartada sin animales ni minas en la que pudiéramos vaciar la vejiga. Como véis el autocar no tiene wc, así que decidimos beber poquísima agua para no reventar por la noche.
Tras 3 min de reloj de parada, el autocar hace sonar su bocina de feria indicando que se ponía en marcha. Había personas que aún no habían bajado y otras muchas que estaban en los “baños” y fumando. Al conductor de dió igual y empezó a mover el autocar con el respectivo bucheo de la gente. Así que empezamos a subir todos otra vez y a cada mochuelo a su olivo.

En este punto fuimos cayendo a diferentes tiempos, pero los tres dormimos lo que pudimos. Hay que decir que no se descansa nada. Entre el espacio que es minúsculo, el chorro de aire acondicionado que sale a todo trapo (el regulador del aire roto, más bien no existía), y que las carreteras tienen más agujeros que un campo de golf, fue muy incómodo dormir.

Pero como el suño que llevamos acumulado es superior, nos vamos durmiendo a siestas.

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Dani Written by:

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