Llegada a Udaipur – 23 OCT 2016

Son las 5.30 de la mañana cuando el bus enciende las luces del pasillo para que sus maharajas, los bellos durmientes, se despierten a medida que el conductor va acercándose a su parada. “Udaipur, Udaipur!” es lo último que dice el copiloto y taquillero antes de que se nos abran las puertas. Bajamos y antes de que se abra el maletero y ya se han presentado dos taxistas que se rifan el viaje a nuestro guesthouse.

Hablamos primero con uno de los taxistas (de coche) y nos pide 500 INR no negociables, así que nos vamos con el conductor del tuktuk que por 300 INR nos dejara en la puerta del ‘Lassi guesthouse’. Entramos y prácticamente despertamos al chico que atendía ese turno; según él (y cualquiera con algo de sentido común) es demasiado pronto para el check in y entrar en la habitación. Pero tenemos suerte y, aunque estaban todas ocupadas, una de ellas se había quedado libre antes de que llegaramos y nos deja entrar aunque no la habían limpiado aún. “Sobre las 10 iremos a limpiarla” dijo.

“Perfecto!”, le contestamos. Cojemos todo lo que teniamos desperdigado en el hall y subimos para la habitación. Son las 6 y algo de la mañana y después del viaje que hemos tenido no tenemos el cuerpo para nada más que descansar antes de que Udaipur despierte. Pasan las horas y sobre las 8 nos levantamos por segunda vez.

Bajamos las escaleras y antes de que hayamos salido por la puerta, el chico que habíamos despertado antes nos imprime un mapa de la ciudad y nos indica cuáles son los puntos más interesantes de la zona. Ya con el mapa en el bolsillo, vamos a ver qué desayunamos por ahí.

En marcha! Salimos del guesthouse y vamos en busca de un café que sale recomendado en Lonely Planet y TripAdvisor, Yammy Yoga. Después de dar unas vueltas no damos con él, mientras que unos locales que nos ven dando vueltas nos preguntan qué buscamos. Uno de ellos es un tipo peculiar. De unos 50 años, pelo largo pero con calvicie de coronilla y que le cae con rizos. Lleva el típico punto rojo pero con algo blanco pegado en él, muy raro. Estos intentan despertar al del restaurante ya que estaba al lado, pero parece que seguirá cerrado por un rato. Como buen vendedor, aprovecha para explicarnos que hace masajes, que nos puede decir que no está bien en nuestro cuerpo etc. Y en un despiste pilla a Puchi por las manos y le empieza a apretar en diferentes puntos. Por cada punto que le aprieta le pregunta si le duele. En función de su respuesta le dice que tiene mal una cosa o que está bien de ella. Después de su demostración nos enseña su libro de firmas de las personas que han pasado por ahí y nos pide si le podemos traducir una del catalán. En resumen, ponía que el masaje había sido muy raro, con técnicas que esperaba que le funcionasen ya que no había sido nada barato. Así que decidimos acabar la conversación educadame te y seguir en la búsqueda de un sitio para desayunar.

Llegamos a un puente que cruza uno de los dos lagos que tiene la ciudad y, justo al lado, vemos el bar de uno de los hermanos del chico del guesthouse (nos lo marcó en el mapa antes de salir). Estaban limpiando y no se podía tomar nada aún; nos fuimos al que estaba al lado. Un café sólo, un chai, una infusión de gengibre y limón, un sandwiches de queso, uno de queso y ajo y otro vegetal. Nos dan las 10 y ya hay fuerzas para dirigirse al City Palace, que es uno de los palacios repartidos en la cuidad y que fue contruido por varios mandatarios de la dinastía Mewar. Es de los palacios más grandes de la zona del Rajastan y a día de hoy es prácticamente una parada obligatoria si visitas la ciudad. Con un poco de internet seguro que tendrás más información que la que te damos desde aquí, así que entre lo que encuentres y lo que te expliquen en la audioguía te puedes hacer una idea de porqué te decimos que es un sitio de interés. Ah, para la visita guiada por audio tendrás que pagar 250 INR (500 INR si quieres entrar camara de fotos).

Tras la visita, seguimos caminando sin tener un objetivo fijo y nos perdemos entre las calles hasta que el calor nos gana de goleada. Coger un tuktuk para que nos lleve al mercado local (150 INR) parece que va a ser la solución. También nos lo había marcado el recepcionista del guesthouse. Aprovechamos para pasear entre los puestecillos y ver qué tal son las calles de la ciudad. Caminando llegamos al cruce del templo y del Palacio, por lo que  deshacemos el camino y cruzamos el lago de vuelta al bar que estaba cerrado (ya no!). Tres lassis y remontamos el partido.

Nos quedamos a comer, porque el sitio tenía buena pinta (tiene vistas a pie de lago). Dani se pide un chicken curry, Manu un chicken do piaza y un servidor un chicken butter masala (todo buenisimo). “Ahora una siesta no vendría mal”.

Poco más tenemos que hacer hoy. Después de descansar un rato, nos vamos a dar una vuelta por el lado inexplorado del pueblo. Casualmente damos con la tienda del hermano del guesthouse, un supuesto pintor y, decimos supuesto porque no tenía ninguna pintura suya. Vaya que nos intentó vender media tienda, pero visto los precios salimos de allí igual que habíamos entrado.

Seguimos paseando y decidimos tomarnos algo para refrescarnos. Estamos un rato y nos volvemos al hotel a darnos una ducha bien merecida y a descansar. Parece que va a ser la primera vez que durmamos más de 6 horas en todas las vacaciones.

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Carlos Written by:

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